El primer suicida de la historia

miércoles, 16 de febrero de 2011

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El primer suicida al que la Historia dedica unas líneas es Periandro (siglo VI a.C.), uno de los Siete Sabios griegos. Diógenes Laercio contó cómo el tirano corintio quería evitar que sus enemigos descuartizaran su cuerpo cuando se quitara la vida, por lo que elaboró un plan mas que digno.

El monarca eligió un lugar apartado en el bosque y encargó a dos jóvenes militares que le asesinaran y enterraran allí mismo. Pero las órdenes del maquiavélico Periandro no acababan ahí: había encargado a otros dos hombres que siguieran a sus asesinos por encargo, les mataran y sepultaran un poco más lejos. A su vez, otros dos hombres debían acabar con los anteriores y enterrarlos algunos metros después, así hasta un número desconocido de muertos. En realidad, el plan para que el cadáver del sabio no fuera descubierto era brillante, pero en lugar de un suicidio tenía visos de masacre colectiva.

Las 10 peores formas de morir

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1. Decapitado¿Guillotina o hacha? Da igual, porque si nos cortan la cabeza, nada nos librará de sufrir dos segundos de dolor extremo. La cuchilla cercena los huesos que unen la cabeza al cuerpo, y eso, según explicó el forense Harold Hillman en New Scientist: “Tiene que causar un gran dolor”. Grande, pero breve, ya que dos segundos después caeremos inconscientes por la hemorragia, aunque el cerebro conservará aún sangre y oxígeno para sobrevivir 15 segundos mas. ¿Explica eso los casos de cabezas cortadas que mueven los ojos o la boca? Según Hillman, solo son espasmos involuntarios causados por la agonizante química cerebral.
2. SedientoYa que el exceso de alcohol causa una ligera deshidratación, podemos imaginar que morir de sed provoca un dolor de cabeza cien veces superior al de la peor resaca que recordemos. Porque, debido a la falta de agua, el cuerpo se nutre del líquido cefalorraquídeo del cerebro, y por tanto, lo seca. Además, tras dos días sin beber, dejamos de orinar y los riñones se hinchan como un globo, lo que causa un dolor similar a una puñalada; los ojos se secan y endurecen como si fueran de cristal. La agonía dura de tres a siete días.
3. AhogadoAunque muramos en el mar, puede que nuestros pulmones sigan estando secos. ¿Por qué? Gracias a la laringe, cuyos espasmos impiden el paso del agua al aparato respiratorio. Pero ni eso nos salvará… El agua anegará el estómago, y la falta de oxígeno hará que se nos amorate el rostro y que el cerebro sufra un coma mortal en unos minutos.
4. QuemadoQué podemos hacer si el fuego nos rodea? Esperar un milagro, porque en solo unos segundos las llamas prenderán nuestros cabellos e irán consumiendo, por este orden, las manos, los hombros, el pecho y el rostro; aunque no veremos cómo nuestro cuerpo se calcina, ya que los glóbulos oculares estallarán al contacto con el fuego. Se estima que el dolor es mil veces superior al que se siente al poner la mano sobre una sartén al rojo, y dura diez minutos, los que tardan las llamas en achicharrar los nervios. Pero, probablemente, moriremos antes por las gravisimas heridas.
5.AsfixiadoUn hueso de pollo atascado en las vías respiratorias, o las manos de un estrangulador alrededor de nuestro cuello, provocan la hipoxia, que es la falta del suministro necesario de oxígeno a los tejidos y al cerebro. Las células sanguíneas, desoxigenadas, pierden su color rojizo y adquieren un tono morado que se refleja en la piel. La víctima pierde la consciencia en pocos minutos, y muere de un paro cardíaco.
6. CongeladoAlgunas víctimas de muerte por hipotermia se desnudan antes de fallecer, aunque se ignora la causa. Lo que sí se sabe es que el peligro comienza cuando la temperatura corporal baja a 35ºC. Tras los escalofríos iniciales, las manos se entumecen, señal de que nos quedan 90 minutos de vida. Los vasos sanguíneos se hielan, lo que impide la circulación: en una hora, las extremidades estarán congeladas y el dolor será atroz. Ates de caer inconscientes por falta de riego cerebral, algunos se desnudan. ¿Por qué? Las alucinaciones pueden ser la causa.
7. GaseadoEl monóxido de carbono provoca una muerte rápida e indolora; por eso lo llaman el asesino silencioso. En caso de intoxicación, el CO Monoxido de carbono sustituye al oxígeno en el organismo, ya que su afinidad para mezclarse con la sangre es 250 veces superior. La víctima solo nota un dolor de cabeza seguido de náuseas. Lo más probable es que se quede dormida antes de morir, pero si intenta huir, no podrá moverse. Los músculos están agarrotados por el gas, y el desdichado solo puede reptar unos metros.
8. DesangradoTenemos cinco litros de sangre en el cuerpo; perderla toda puede llevar desde unos minutos hasta horas, según el tipo de herida. Al sabio romano Petronio, que se suicidó cortándose las venas durante un banquete, le dio tiempo a hablar de filosofía. ¿Pero sufrió? En absoluto. Podemos perder hasta el 15% de la sangre sin sentir más que un mareo. Pero conforme aumenta la hemorragia, sufriremos una grave hipotermia, hasta que, tras perder 2,5 litros de sangre, entremos en coma.
9. SoledadNunca vieron la pelicula I’m Leyend?, imaginense estar solo en el mundo estilo Will Smith, y que solo estes con tu perro, el cual muere infectado.
En la pelicula Will murió como un heroe, pero imaginense morir en la soledad sin nadie a quien expresar los sentimientos ni con quien comunicarse?
10. Enfermedad TerminalOtro garron debe ser morirte por culpa de una enfermedad terminal, como un cancer, que te tenga unos cuatro o cinco meses en agonia y pararte frente a un espejo y verte flaco, amarillo, quemado, sin cejas ni pelos, con la cara destrozada, tu familia desvastada, que pena por dios, no quiero ni pensar.
Fuente

14 de Febrero

domingo, 6 de febrero de 2011

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No he tenido (que recuerde), grandes desamores.
No he sufrido por alguien.
No me regocijo en esto.
Sufro por la existencia del amor. De esto no me vanaglorio en lo mas mínimo.

El amor es la auto-flagelación del ser.

Fuera de todo

martes, 2 de noviembre de 2010

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Soy parte de una civilización difunta. Esa que todos desconocen..
Es donde la nada subsiste y predomina.

En caso de enconrtarse un Zombie

viernes, 29 de octubre de 2010

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Les dejo una guía de supervivencia Zombi. Seguramente algún día necesitemos algunos recursos en caso de...

Aunque parezca absurdo, existe y está a la venta.
Por si les interesa les dejo el link de descarga.

The Necro Files

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He visto "The Necro Files 2". Nunca pensé que el morbo podría llegar tan lejos.
y eso que soy fanático del género. Superaría mi tolerancia si no lo viera con humor.

Alegría...

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Me estremezco de hacer profesión de alegría.
Forjar una sonrisa. Adueñarme de ella.


El punto cúlmine para demostrar que soy un farsante.

Facebook

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Cuando la estupidez gana por afano...

Nevando Mendoza

miércoles, 4 de agosto de 2010

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Hoy vuelve a nevar en Mendoza.
Llama la atención sobre como puede influir en mi caracter el estado del tiempo.
Amo los días grises, fríos, con viento, árboles sin hojas, paisajes grises.
Lástima que esto es solo temporal. En unos meses comienza la tortura de los días cálidos, verdes, soleados, etc.

Me prendo uno y me siento frente a la ventana empañada viendo este hermoso paisaje. El humo decora la vista. El humo nebuliza el espacio en mi habitación. El humo activa sensaciones extrañas en mi mente.
Me siento a disfrutar este momento en soledad, viendo la nieve caer...

Mas pensamientos sobre el amor...

lunes, 12 de julio de 2010

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El amor engendra el sentimiento de la agonía, una tristeza incurable, la desesperación.
A pesar de escribir este pensamiento, vivo entre la caterva como un autómata. Que vive, se enamora y comienza de nuevo. A pesar de que nadie lo perciba

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Vivir con el temor de un hundimiento inminente...

jueves, 8 de julio de 2010

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Vivir no cuesta nada...
Cualquiera lo consigue
Emile Cioran

Mendoza Gris

viernes, 28 de mayo de 2010

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Mendoza = Días grises y algo de lluvia. El momento ideal para encontrarse con uno mismo.
Para REdescubrir que no somos mas que una pequeña porción de materia insignificante y totalmente desproporcionada con el resto.

Similitud entre el ser y la nada.
Yo reducido a esto.

Por suerte tengo la clara y exacta visión de las cosas.
Solo somos eso: una pequeña porción de materia con complejos de grandeza.

10 curiosidades sobre la muerte

martes, 11 de mayo de 2010

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  • Cuando muere una persona, el oído es el último sentido en perderse, el primero suele ser la vista, seguido del gusto, el olfato y el tacto.
  • Una cabeza humana permanece consciente de 15 o 20 segundos después de haber sido decapitada.
  • 100 personas mueren atragantadas por lapiceros cada año. Es más probable morir a causa del corcho de una botella de champán que por una picadura de araña.
  • El funeral de Alejandro Magno en la actualidad habría costado $600 millones de dólares. Fue construida una carretera de Egipto a Babilonia para llevar su cuerpo.
  • Cuando el inventor Thomas Edison murió en 1931, Henry Ford capturó su último suspiro en una botella.
  • Más de 2500 personas zurdas mueren al año por usar productos hechos para diestros.
  • Ahora lleva más tiempo la descomposición del cuerpo debido a los conservantes de los alimentos que comemos hoy en día.
  • Una eterna llama en la tumba de un cura budista en Nara (Japón) lleva ardiendo 1,130 años.
  • El creador de Star Treck Gene Roddenberry, fue la primera persona en poner sus cenizas en un cohete y ser ‘enterrado’ en el espacio.
  • Kenji Urada, trabajador de una compañía japonesa, se convirtió en la primera víctima mortal de un robot en Julio de 1981, en una fábrica de coches.

El Suicida Irrespetuoso

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Les dejo este delicado texto de Miguel Hernandez.

"Apartó la mirada al notar su estómago algo revuelto. Le parecía de muy mal gusto, una enorme falta de consideración, que el tal Ernesto de Entrambasaguas, por muy conde que fuera, se atreviera a manchar los libros de la balda de “recomendados”. Más que una excentricidad de anciano noble, que el susodicho se suicidara salpicando a Henning Mankell, Vicente Aleixandre e, incluso, a Pablo Neruda, le pareció de una gran y vil bajeza humana.

Estaba acostumbrada a los excesos de sangre. Ser juez instructor es lo que tiene: la escena del crimen no se limpia hasta que Águeda Villegas cumple el ritual.

- Se pegó un tiro justo cuando el escritor invitado se sentaba para firmar ejemplares. Les jodió el acto central del Día del Libro.
- ¡Qué atrocidad!

El policía creyó que lo decía por su relato, pero en realidad la jueza acababa de descubrir que el libro que estaba justo en el centro del charco de sangre era de Miguel Hernández, tal vez una antología, y le pareció hasta sacrílego. El sargento, animado por el aparente interés que despertaba en Águeda Villegas –por la que sentía , creía, algo más que una simple atracción física aun considerándola inalcanzable,- prosiguió:

- El hombre era cliente habitual de la Librería Lunas. De hecho es vecino, porque vive en la calle Enrique Granados. Entró y se puso a curiosear algunos libros, cogió uno, lo hojeó y se dirigió…
- ¿El que cogió era el de Miguel Hernández?

El policía encogió sus hombros y parecía dispuesto a seguir.

- Averígualo. Puede ser importante para el caso.
- ¿Qué caso? Es un suicidio probado y los suicidios no se investigan. No hay misterio.

La juez lo miró reteniendo entre sus párpados la iracundia. ¿Un hombre se mata en medio de un montón de libros, en una céntrica librería, justo el 23 de abril, manchando innecesariamente un montón de obras y eso no es un misterio? Hasta el día de hoy el sargento le caía simpático, incluso hasta atractivo, y le resultaba halagador y tierno ¡que se ruborizase al dirigirse a ella y toleraba que a veces se saltase el protocolo para llamarla de “tú”… Pero esa falta de respeto, hacia los libros, la irritaba.

Seguramente sus pensamientos se reflejaron en su rostro, porque el policía, sin añadir nada más, se dirigió al librero que, blanco y nervioso, intentaba tranquilizar al escritor, aún más pálido si cabe, y a la docena de testigos del suicido. Le preguntó por el dichoso libro, aunque no entendió la petición de la juez que parecía querer hallar una conexión entre hábitos de lectura y locura temporal. Porque, según manifestaron todos los presentes en insólita concordancia, eso era lo que había atacado inesperadamente al muerto, locura. El hombre estaba tranquilo y, de repente y sin mediar palabra, sacó una pistola, se metió el cañón en la boca y apretó el gatillo. Tras la parálisis de los testigos, algunos gritos, un amago de desmayo y el escritor tomando el mando con un “¡Que nadie se mueva! Lunas, llama al 091”, cosa que el librero hizo sin dilación.

- Juez Villegas, señora, el libro no es de Miguel Hernández sino de Ramón Sijé, el autor que hoy lo presentaba aquí.- Escueto y sin mirarla: para él la jueza había perdido todo su atractivo.
- Señor Sijé… ¿Conocía al muerto?
- No personalmente.- La voz del escritor suena extraña y Villegas intenta averiguar si es porque está conmocionado o si tras su congoja está calculando la publicidad que este acto le va a reportar.- Me documenté sobre Ernesto de Entrambasaguas, un hombre que vivía discretamente desde hacía muchos años y del que poco se sabe, a pesar de ostentar un título nobiliario. Aparece en mi libro. Según mis investigaciones era el cabecilla de un grupo que atacó y denunció a más de cincuenta artistas que podían ser discordantes con el régimen. En el libro se desvela que estuvo tras la detención y muerte de Miguel Hernández, entre otros.

Ahora sí lo nota. En su voz hay un deje satisfacción unido a un ligero temblor. El estómago de la juez Villegas se revuelve aún más y se apoya en la mesa porque la librería, con todos sus libros, los clientes, el librero, se tambalea. Una mano se posa en su hombro, protectora, la mano del policía. Cierra los ojos y oye la voz del escritor que susurra “por las calles voy dejando algo que voy recogiendo: pedazos de vida mía venidos desde lejos”

Autor: Miguel Hernandez